LOS SÍNTOMAS CONTEMPORÁNEOS

Cada época se caracteriza por su forma de tratar con la pulsión. En la época de Freud se recurría a la prohibición. Era lo que en psicoanálisis llamaríamos “el reino del padre”,  representante por excelencia de la prohibición en esos tiempos, y la represión era el sistema con el que fundamentalmente los sujetos se manejaban para mantener sus pulsiones a raya. Como sabemos eso funcionaba relativamente, los sujetos hacían síntomas que podemos calificar de “freudianos”, producidos por la represión.

 

Entre la obra de Freud y la de Lacan hemos pasado de una sociedad de productores con la ética de la renuncia propia de ese capitalismo de producción, a una sociedad de consumidores, a un capitalismo basado en el consumo masivo, donde la cultura ha dejado de basarse en la renuncia a apoyarse en lo contrario: una cultura que demanda gozar sin límites: Just do it, impossible is nothing, enjoy Coca-Cola etc. Y lo que Lacan va a mostrar es que en el capitalismo hay malestar también por la satisfacción misma, y no por la renuncia, como en tiempos de Freud. Ya Freud había vislumbrado que el malestar del ser humano no tenía que ver sólo con la renuncia que imponía la cultura, sino que había algo en el corazón mismo de la estructura que imposibilitaba la satisfacción completa. De modo que, igual que no hay felicidad total en la cultura pura, tampoco hay felicidad en la satisfacción de la pulsión, porque esta linda siempre con un más allá del principio del placer.

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