Ansiedad, angustia y ataques de pánico

“Siempre me pongo en lo peor. Si alguien de mi familia tiene que viajar, pienso que va a haber un accidente. Si noto un pequeño dolor pienso en un cáncer. Miro a mi hijo y pienso que no está bien, que no es un niño normal…”

“Cuando tengo que entregar un trabajo, los días anteriores no logro concentrarme, los paso anticipando con el pensamiento cómo va a ser valorado, pienso que va a ser un desastre…”

Para el ansioso todo gira alrededor de la espera. Obsesionado con el control, trata de prepararlo todo con antelación, perdiendo en el camino la capacidad de disfrutar y la concentración necesaria para afrontar los retos de la vida.

La ansiedad o su versión más aguda, la angustia “desatada” y los ataques de pánico, son muy frecuentes en la actualidad, en un momento social que nos empuja a conseguirlo “todo” y a no perdernos nada.

Cuando toda la vida se transforma en tensión y la ansiedad empuja a intentar controlar cada vez más todo los aspectos de la propia vida, se entra en un círculo infernal del que es difícil salir.

Las causas serán distintas en cada caso. Es necesario explorar la configuración subjetiva para encontrar el resorte que permita transformar el circuito cerrado sobre si mismo en la posibilidad de abrirse a algo nuevo y disfrutar de la vida.