EN UN PSICOANÁLISIS, ¿HAY QUE HABLAR DE LOS PADRES?

Es un estereotipo que en psicoanálisis uno se dedica a hablar de sus padres. Bueno, esta es la razón: la familia es la que nos introduce en el lenguaje, el lugar del Otro con mayúsculas, que es un elemento en la estructura del psiquismo, se encarna en la familia. La lengua que hablamos es siempre la lengua del Otro, que la hablaba antes que nosotros, que hablaba de nosotros antes de que naciéramos. Uno nace en la lengua, no es que la aprenda, es que como sujeto nace en ella. Lo que nos hace humanos es el lenguaje, tener que llamar a Otro que interprete nuestro grito en su lengua, con el malentendido fundamental que eso produce.

Lacan señala que el ser humano está más inacabado que cualquier otro animal en el momento de nacer, de manera que para la satisfacción de sus necesidades necesita del cuidado del Otro. Los animales de pequeños también necesitan el cuidado del otro, pero lo específicamente humano es llamar al Otro, y que ese Otro transforme los gritos en llamadas. La familia en el inconsciente es la tragedia de que la necesidad debe pasar por la lengua para ser atendida y en ese pasaje, algo se pierde. La necesidad debe ser traducida como demanda, y eso tiene un efecto traumático sobre las necesidades de los seres humanos, porque al pasar por la demanda se produce una desviación en las necesidades y estas aparecen marcadas por una falta: algo de la necesidad se pierde en el proceso, el lenguaje no alcanza para expresar toda la experiencia del cuerpo y queda un resto de algo que no puede pedirse , no puede decirse en palabras. Este resto es lo que en psicoanálisis vamos a llamar el objeto. Por su propia naturaleza es un objeto perdido para siempre: es aquello que de la necesidad no puede decirse en el lenguaje, y va a dar lugar al deseo y a la pulsión, que son también dos conceptos fundamentales en psicoanálisis.

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