LA VIVENCIA DEL CUERPO EN LA PSICOSIS Y ALGUNAS RECOMENDACIONES PARA APROXIMARSE A LA LOCURA

Lo que el psicoanálisis nos enseña es que la vivencia del propio cuerpo o de la realidad no son cuestiones objetivas sino que están sujetas a la construcción de una estructura psíquica que no se desarrolla de forma “natural”, por maduración, sino que tiene sus avatares. El cuerpo no es un don de la naturaleza. Cuando nacemos lo que tenemos es un organismo. Para que se convierta en un cuerpo son precisas ciertas operaciones.

En la enseñanza de Lacan hay tres dimensiones de la experiencia humana que dan lugar a la estructura del psiquismo. Esas tres dimensiones son lo Simbólico (el lenguaje), lo Imaginario (la imagen del cuerpo) y lo Real, que sería lo imposible de representar por las dos dimensiones anteriores.

Esas tres dimensiones tienen que estar anudadas para que exista la vivencia de que se tiene un cuerpo. En el encuentro con el lenguaje lo vital del cuerpo sufre una pérdida. Ya no es nunca más un organismo que satisface naturalmente sus necesidades, sino que estas quedan perturbadas, sujetas a un discurso. Además, esa pérdida puede ser o no inscrita en términos de lo que en psicoanálisis llamamos castración. La castración supone una regulación del goce, un cierto ordenamiento: el sujeto pasa a estar regulado por lo simbólico, que le da una estructura. Lo simbólico introduce una pérdida, pero también un ordenamiento y una orientación del deseo. En la psicosis esta operación de castración no se produce y el cuerpo queda como demasiado real, demasiado vivo, un cuerpo que se vive como extraño, incluso como enemigo, que no obedece a la voluntad de su dueño, con el que hay que hacer un esfuerzo sobrehumano para mantener todo en orden.

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¿ES NECESARIO AMARSE A SI MISMO? EL ESPEJISMO DE LA AUTOESTIMA

El psicoanálisis nace como una teoría que subvierte la idea del devenir de la humanidad como un progreso continuo y muestra el reverso de esa figura central de la modernidad que es el sujeto de la conciencia y de la voluntad. El descubrimiento freudiano del inconsciente va a infligir una herida narcisística a la humanidad, porque va a mostrar que esa figura no es más que un espejismo, ya que la mayor parte de las fuerzas que operan en los seres humanos escapan a su voluntad y no solo eso, sino que buena parte de los impulsos que nos guían se oponen a lo que nos conviene.

Cuando Lacan inicia su trabajo, lo que está en boga en el mundo psicoanalítico es la Ego Psychology. Esta fue la adaptación de las teorías freudianas llevada a cabo en Estados Unidos por un grupo de analistas europeos que emigraron a este país: Hartmann, Lowenstein, Kris, Erikson y Rapapport entre los más conocidos. Esta corriente postfreudiana va a privilegiar el Yo en detrimento del tratamiento de la pulsión, guiándose por la máxima freudiana (donde Ello estaba, Yo debe advenir). En su concepción, opuesta a una supuesta decadencia europea que pone el foco en el conflicto y la muerte, la propuesta es una pragmática basada en la higiene mental que se extiende en los Estados Unidos a través de la psiquiatría y de los consultorios en revistas femeninas que indican como criar a los hijos, como mantener un matrimonio feliz, como alcanzar las propias metas en la vida etc. Para estos teóricos, las funciones yoicas no eran solo producto del conflicto intrapsíquico entre ello y superyo, sino que eran adaptativas, existiendo las llamadas áreas libres de conflicto que conviene potenciar en los tratamientos. La idea de integración y adaptación a la sociedad no están lejos. Lacan les criticaría su imitación servil de los ideales del american way of life.

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