OBESIDAD Y DEPRESION, SU RELACIÓN A LA LUZ DEL PSICOANÁLISIS

Tener sobrepeso aumenta las posibilidades de tener depresión y viceversa. Es una relación poco explorada por la medicina que el psicoanálisis ayuda a esclarecer en razón de la afinidad de ambos síntomas en la estructura del psiquismo humano. Veamos por qué: la obesidad a menudo es indicativa de una posición de pasividad del sujeto, que no es capaz de separarse de la oferta ilimitada que el Otro le hace. El afecto depresivo, por su parte, implica cierta adherencia del sujeto al otro, una dificultad para operar una separación efectiva del poder del Otro sobre la persona.

La medicina define la obesidad como una acumulación excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. La actual difusión epidémica de la obesidad y la depresión son correlativos de la oferta infinita de consumo que se lanza desde el discurso social contemporáneo, claramente promotor de la obesidad a pesar de los mensajes en sentido contrario.

Para el enfoque psicoanalítico, sin embargo, la obesidad es mucho más que un problema médico o social, es un estilo de relación con el otro que apunta a una dificultad de la persona para decir “no”, para ejercer el poder separador del rechazo frente a la demanda del otro. Por su parte, en el afecto depresivo la escucha psicoanalítica a menudo nos muestra una posición de “ceder ante el propio deseo” que puede tener su raíz en un sostener al otro en posición de ideal y ceder para no entrar en conflicto. Como se ve, tanto en la obesidad como en la depresión hay un predominio de la alienación sobre la separación.

La significación de la comida

La relación con la comida en el ser humano es mucho más que la relación con el alimento como objeto de la necesidad. Se trata siempre de la relación con el otro primario que ofrece el alimento en determinadas condiciones que tienen su importancia y dejan marcas indelebles. La comida es el primer don que recibimos del otro, y el alimento queda para siempre contaminado por este hecho. Podemos diferenciar entre un hambre fisiológica y un hambre de otro tipo que tiene que ver con la compensación a través de la comida de la frustración de la demanda de amor. Es por eso que la obesidad puede aparecer asociada a la depresión.

La ingesta excesiva de comida a menudo se significa como compensación imaginaria de la demanda frustrada de amor

La causa de la obesidad

Como apunta el psicoanalista italiano Massimo Recalcatti, el cuerpo de la persona obesa es un “demasiado lleno” que sin embargo puede ser vivido como un vacío infinito. Se experimenta un empuje al consumo indiscriminado del alimento que adquiere el carácter de objeto analgésico capaz de tratar el dolor, generalmente inconsciente, que aflige a la persona con sobrepeso. Es una observación clásica que la devoración puede ser leída como la compensación de una frustración en recibir del Otro materno el signo de amor esperado.

La incorporación constante de la comida apunta a obturar la falta constitutiva del psiquismo, produciendo un aplastamiento del deseo. El deseo vivificante, que se sostiene en la inscripción de una pérdida en el psiquismo, es sustituido en la obesidad por un goce devastador que arrastra el cuerpo del sujeto a un torbellino destructivo, como muestra la película “La grande bouffe”. La relación con el afecto depresivo se hace así evidente.

La clínica de la depresión, al igual que la de la obesidad, nos muestra una preferencia por conservar un Otro Ideal que podría tener todas las respuestas para las angustias de la vida. El sujeto obeso, como le sucede a menudo al depresivo, “elige” inconscientemente eclipsarse como sujeto de pleno derecho para no entrar en conflicto con este Otro Ideal. Típicamente la persona con sobrepeso ha sido un niño obediente que no da problemas, lo que da cuenta de una dificultad de separarse del Otro primario a cambio de una sensación de control y seguridad. A menudo encontramos una persona que ha renunciado a su propio deseo para poder “ir tirando” en un goce asegurado, el de la incorporación constante del alimento, sin atreverse a atravesar la angustia de la pérdida de seguridad en el Otro y los riesgos de la vida.

La diferencia entre hiperfagia y atracones

El psicoanalista Doménico Cosenza, que se ha dedicado en gran profundidad al estudio de los síntomas alimentarios, introduce un matiz muy interesante desde el punto de vista de la estructura al diferenciar la desregulación de la ingesta sin sensación de pérdida de control que caracteriza a la obesidad más clásica, de lo que el DSM-V llama Binge Eating Disorder (BED): los atracones regulares sin recurrir al vómito u otras prácticas compensatorias, lo que lo diferencia muy claramente del mecanismo bulímico. En el BED es fundamental la experimentación de la pérdida de control en el acto de comer.

La solución por ingesta excesiva es un modo de no registrar la pérdida del objeto mediante una práctica que es el reverso de la anorexia. Si en la anorexia se trata de rechazar el objeto como modo de separarse y expresar la propia autonomía frente al Otro, en la solución hiperfágica se pretende conservar el objeto de satisfacción mediante su incorporación-devoración constante, evitando el momento de la separación.

Cuando esta solución de hipercontrol fracasa, puede aparecer el atracón, el trastorno de la alimentación incontrolada, que se vive con sufrimiento, como pérdida de control. A diferencia de lo que ocurre en la obesidad, ahí la persona no se vive como dueña de su acto sino como esclava de su apetito. Puede aparecer entonces la dimensión depresiva, que empuja a un nuevo atracón en un círculo vicioso.

Fotograma de la película “La grande bouffe”, en la que un grupo de amigos se encuentran para engullir comida hasta la muerte.

El tratamiento psicoanalítico de la obesidad y la depresión

La clínica de la depresión y la obesidad, orientadas por el psicoanálisis, buscan inscribir ambos síntomas en una lógica subjetiva: entender la función que esos síntomas tienen en la economía psíquica del sujeto, qué lugar ocupan en su historia personal y qué posibles arreglos son posibles como alternativa frente a la solución por el consumo excesivo de comida y el abandono del propio deseo.

En el tratamiento de la obesidad hay ciertas dificultades específicas porque a menudo se da una experiencia de satisfacción y no de malestar: el síntoma es egosintónico, ya que la incorporación ilimitada del objeto comida proporciona una ilusión de autonomía y control que la persona no desea abandonar. A menudo se observa que ni siquiera hay una subjetivación del cuerpo obeso como propio. Sin embargo, también puede experimentarse la angustia de la asfixia, del demasiado lleno que pide ser vaciado de alguna manera, en cuyo caso hay que acompañar al paciente a atravesar esa angustia.

Otra dificultad del tratamiento de la obesidad y en general de todas las patologías contemporáneas que implican la dependencia patológica de un objeto de consumo, es el escaso poder de la palabra, cuyo poder simbólico para representar al sujeto se encuentra aplastado bajo la predominancia del objeto de satisfacción. Hay que hacer un trabajo preliminar que permita “abonarse” al poder de la palabra para atrapar lo que concierne a la persona y su experimentación subjetiva.

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