BULLYING: UNA MIRADA DESDE EL PSICOANÁLISIS

¿Cómo puede el psicoanálisis ayudar en los casos de bullying? Las agresiones y el maltrato psicológico entre adolescentes han existido siempre, pero actualmente presentan una virulencia y una amplitud que deben interrogarnos. Desde el enfoque psicoanalítico, más que describir comportamientos y roles o etiquetar perfiles típicos de víctima o acosador, entendemos que escuchar la forma en que acosados y acosadores subjetivan los hechos nos permite un análisis más rico y complejo que una simple descripción de caracteres, que no nos proporciona herramientas eficaces para tratar el problema. Tampoco basta un simple manual de convivencia escolar o instruir en habilidades sociales para evitar la aparición del bullying. Hay motivaciones inconscientes y posiciones subjetivas de acosadores y acosados que es necesario tener en cuenta a la hora de hacer un abordaje eficaz. Una terapia orientada por el psicoanálisis puede ayudar a cada cual a encontrar las motivaciones opacas que lo han llevado a ocupar la posición, bien de acosador, bien de víctima, y permitir una salida específica a la problemática en juego.

No es lo mismo una pelea resultante de un impulso puntual que un acoso calculado que apunta a destruir a otro, con participación más o menos activa de los testigos del maltrato. Como señala el psicoanalista José Ramón Ubieto, el así llamado bullying implica una intencionalidad clara por parte del agresor, una continuidad, y la existencia de una situación de desequilibrio claro entre el agresor y la víctima que impida a esta defenderse.

La clave de bóveda de la situación es la imposición de una “ley del silencio” que encierra al acosado en un aislamiento que acentúa su indefensión y desamparo. Los adultos en muchas ocasiones ignoran el fenómeno. Paradójicamente, sin embargo, las prácticas de acoso han de ser perfectamente visibles a ojos de los iguales.

Los efectos del acoso sobre acosadores y víctimas dependen de la lectura subjetiva que cada uno hace de este hecho, si puede encontrarle una interpretación o queda como un sinsentido congelado que se manifiesta en una variedad de síntomas físicos (dolores de cabeza, estómago, mareos…) o psíquicos (ansiedad, irritabilidad, tristeza…)

Los estudios clásicos sobre el bullying

El psicólogo noruego Dan Olweus comenzó a sistematizar en los 70 el abordaje de este fenómeno. El enfoque cognitivo-conductual de Dan Olweus se centra en describir cómo se comporta un agresor típico, así como las características de lo que llama una víctima pasiva típica. Se describen los perfiles típicos del par acosador-acosado (falta de empatía versus falta de autoestima…) y los factores condicionantes de estos comportamientos (entornos familiares y sociales, determinados rasgos psíquicos…). Ocurre que los factores son demasiado amplios y lo mismo pueden dar como resultado el bullying que las toxicomanías o las autolesiones, por citar otros síntomas contemporáneos. Hay una ausencia de análisis de qué lleva a un joven afectado por uno de esos “factores” típicos (entornos familiares violentos o autoritarios etc.) a convertirse en víctimas o victimarios o a ninguna de las dos cosas.

En el enfoque cognitivo conductual se considera la agresión como un comportamiento aprendido en base a modelos violentos, que lleva a respuestas inadaptadas que pueden ser reeducadas en una perspectiva de sanciones y premios. En los entornos educativos a menudo se adopta esta perspectiva, que traspone el campo criminológico de víctima y victimario al pedagógico.

El psicoanálisis puede ayudar a víctimas de bullying

La perspectiva psicoanalítica del bullying

El psicoanálisis contemporáneo tal y como lo concibe Jacques Lacan no concibe los síntomas sin tener en cuenta las características de la época. Tres de ellas son destacables para entender la violencia creciente entre iguales:

El declive de la autoridad tradicional da paso a un aumento de la violencia. Las masas se constituyen, como nos enseñó Freud, segregando al enemigo común, al diferente. En ausencia de una autoridad fuerte, la segregación se instala en el interior del grupo, es una cuestión de lógica. Cuando el padre y sus subrogados (maestros y otros educadores) pierden el monopolio de la violencia esta se generaliza entre los iguales. En ausencia de los diques a la libre expresión de la crueldad hacia el otro, esta aparece sin límites. A la represión de una autoridad que ordenaba lo que a cada cual correspondía y segregaba al que se atrevía a transgredir la ley, le sustituye hoy una violencia sin sentido, por pura diversión, incluso. La autoridad tradicional, de la que no tenemos o por qué expresar ninguna nostalgia, porque nunca fue tan buena como algunos quieren recordarla ahora, permitía sin embargo identificarse a un ideal orientador. Hoy, a falta de esa brújula del ideal y por extraño que parezca, algunos adolescentes encuentran su identidad en nominaciones sintomáticas, como puede ser la de acosador o víctima. Conviene evitar fijar a nadie en esas nominaciones que impiden la interrogación profunda de las causas del fenómeno.

La promoción de la mirada como objeto privilegiado caracteriza nuestra época y es puesta de manifiesto en el carácter escénico del bullying. Todos los autores coinciden en el papel de los testigos de la escena de acoso, que se caracteriza, a diferencia de otros síntomas como las autolesiones adolescentes, por su visibilidad, por un “dar a ver”. Se busca la aniquilación del otro en su ser más íntimo, lo que incluye su aislamiento, su exclusión del grupo, para lo cual se necesita que el público coopere y para eso tiene que mirar lo que sucede. La cuestión de la visibilidad alcanza su cenit en el llamado cyberbullying

Finalmente, hay que tener en cuenta que en la adolescencia la cuestión de la dimensión sexuada del cuerpo pasa a primer plano: La desorientación adolescente respecto de las identidades sexuales en esta época es también un factor clave en el aumento de los casos de acoso. Al no tener como referencia los discursos tradicionales queda a cargo de cada uno la construcción de una identidad sexual. Paradójicamente este discurso actual, lejos de tener un efecto liberador, a menudo redobla la segregación de todo lo que resulta ajeno en un intento de tranquilizar a adolescentes llenos de inseguridades, facilitando la aparición de la burla, el acoso y el odio del otro como forma de evitar el odio de si.

Romper las cadenas del bullying requiere tomar conciencia de la propia posición subjetiva

Como puede ayudar el psicoanálisis en los casos de bullying

Hay motivaciones inconscientes y posiciones subjetivas de acosadores y acosados que no se van a modificar gracias a las buenas intenciones de la escuela ni de la familia. En la escucha de los casos de acoso en adolescentes se percibe como, en un momento en que se ven confrontados a la construcción de una identidad sexual, la angustia emerge, y con ella, la tentación de darle una salida golpeando en el otro aquello que constituye una “mancha”, lo que lo hace diferente a los demás, para evitar confrontarse con la propia «mancha». Todos albergamos en nuestro interior algo que nos incomoda y con lo que no sabemos bien qué hacer. Rechazarlo situandolo en el exterior, golpear en el otro ese algo enigmático que cojea en cada, uno es una falsa salida que toman algunos jóvenes ante el desamparo subjetivo con que afrontan su metamorfosis adolescente.

Otra hipótesis interesante sobre las razones inconscientes del acoso sostenida por el psicoanalista Miquel Bassols apunta al bullying como manifestación de una demanda de amor que se desconoce a si misma, que no puede afirmarse sino con el abuso de poder exhibido ante los otros sobre la persona a quien tampoco se reconoce como objeto de amor.

Respecto a la falta de respuesta de la víctima, una escucha psicoanalítica puede ayudar a localizar las razones opacas para el propio adolescente que le incapacitan para dar una respuesta. La injuria recibida resuena en algún punto de su historia que lo avergüenza y bloquea su respuesta.

Una terapia orientada por el psicoanálisis puede ayudar a cada cual a encontrar las motivaciones inconscientes que lo han llevado a ocupar la posición, bien de acosador, bien de víctima, y permitir una salida a la medida de cada uno más eficaz que las soluciones estándar que proponen los protocolos anti-acoso.

«Bullying. Una falsa salida para los adolescentes». José Ramón Ubieto. NED ediciones, Barcelona, 2016

“Bullying, ni-ni y cutting en los adolescentes. Trayectos del padre a la nominación”. Damasia Amadeo de Freda. Unsam edita, 2019

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